La luz cautiva

Fotorrock

20/03/2009 · Dejar un comentario

Hace tiempo escribí un pequeño texto en el que trataba de desahogarme de ciertos malestares ya ahora olvidados. En estas palabras quería dejar en claro lo que producía en mí el escuchar música, en especial el rock. El poema (eso intentaba hacer) es el siguiente:

La noche inmensa,
música rock,
el último recurso para el olvido.

Poco hay que agregar a lo dicho en estas claras palabras. Llegaba yo a mi cuarto y ponía mis viejas cintas. Reproducía sobre todo a Led Zeppelin en aquellos años. Me dejaba perder en la audición de la batería y los requinteos apasionados. La voz de Robert Plant, siempre quejándose, armonizaba perfectamente las melodías del grupo.

El rock siguió siempre conmigo, ya después llegaría (o volvería) Pink Floyd con su reconfortante música. Yo había dado un periplo empobrecedor; había iniciado con The wall y luego rematé con The division bell, (sin Roger Waters, ya) uno de los discos más fáciles de oír de un trío que nunca debió dejar de ser cuarteto. Afortunadamente luego rectificaría yo esos errores adquiriendo la totalidad de los discos de este grupo (piratería y mp3, gracias) para escucharlo en su totalidad.

El gusto musical luego se tornó en búsqueda de los conciertos en vivo de estos ingleses. El concepto que ellos manejaban en su enorme espectáculo incluía videos que se proyectaban en pantallas enormes mientras ejecutaban sus mejores rolas. Las imágenes ilógicas (no puedo ahorita llamarlas de otra manera) eran de una poesía atractiva. Guitarras de madera convertidas en flujo de arroyos, enormes pelotas de pin pong subiendo al cielo, ejecutantes de clavados que no terminaban de caer, etc. Todas estas imágenes me llevaron a buscar mi propia expresión fotográfica. Fueron uno de mis motivadores (que no influencias) más reconocidos que terminaron por hacerme de la fotografía un medio de captura y de expresión.

Dije que reconozco que no influyeron en mí, no busco lograr imágenes tales como esas, pero sí concluyeron en mí un deseo de expresar lo que soy y (un producto de todo lo que me rodea). Salir a tomar fotos tiene, como siempre en todo quehacer artístico, múltiples significados. Uno de ellos es lograr una memoria que perdure en el tiempo, una memoria de estas cosas que se transforman y pasan día con día. Pero más allá de esto, y ahora que lo menciono aquí, mi finalidad como fotógrafo es lograr una participación en la creación de este mundo. Ese es mi claro objetivo, participar en el discurso general del arte que se da en estas tierras. No sé si soy apreciado o ignorado, pero lo que sí sé es que quiero (y lo logro) hacer las fotografías que quiero.

La música me acompaña siempre, hay una armonía constante que viene de la música. Hay un eco musical dentro de mi cabeza que me motiva a hacer las cosas. Hay una búsqueda de los equilibrios en los ritmos de mi imágenes. Todo esto, lo reconozco, está impulsado secretamente por la música de Pink Floyd.

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Ya fotografiado…

20/03/2009 · Dejar un comentario

Tengo entre mis lecturas esporádicas el Oficio de vivir de Cesare Pavese, donde leí con sorpresa un sentimiento que yo ya había descubierto en la fotografía. Señala Pavese (no recuerdo el día que hizo esta anotación en su diario) que le produce un desencanto aquel tema que fue tratado en su escritura una vez que dicho tema fue escrito. Algo así como: una vez escrito, olvidado para siempre. Claro que inicialmente aquello que debía ser tratado debió ser atractivo para el escritor, de otra forma con una motivación nula no se hubiese escrito nada. Pero luego viene la indiferencia o el olvido tras ser reelaborado ese tema en la escritura del poeta.

Algo así me sucede a mí con la fotografía. Pienso en aquellos paisajes que me gustaría tener en mis fotos por la emotividad que han despertado en mí con anterioridad (porque soy, como ya lo había dicho en otro escrito, un fotógrafo que quiere recuperar los lugares que vio en la infancia y llevarlos consigo para siempre), enfilo, cuando puedo, mis pasos hacia esos caminos para apuntar y luego disparar. Mágicamente el paisaje ya no me importa (lo acepto), ya no quiero volver y lo olvido para siempre. También sucede algo con aquello que no está lejos y que también he fotografiado. Ambos espacios ya son ignorados por mi lente y mi cámara empieza a acumular polvos.

La respuesta a esta indiferencia es precisamente uno de los atractivos mayores de la fotografía: viajar para tomar nuevos y emotivos paisajes. Afortunadamente quedan todavía muchos paisajes de mi infancia que no he capturado y que piden serlo aunque mi olvido los borre para siempre.

Nota consoladora: sin embargo, existen unos cuantos (muy pocos) lugares que siguen irradiando interés o que resultan huidizos para una foto que no logro tomar (no por cuestiones técnicas, sino porque no logro tener en mi foto la emotividad que despierta en mí aquel paisaje). Así que vuelvo una y otra vez buscando la captura perfecta y en la espera de que esto suceda mis aprendizajes y mis resultados van complaciéndome cada vez más.

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Para qué la fotografía

20/03/2009 · Dejar un comentario

Hace unos años en nuestro país (México) se dieron una serie de reformas que en terrenos de la educación eliminaban buena parte de los temas que se habían venido viendo durante generaciones. La materia de historia y la de música fueron unas de las que más me impactaron. En la historia que se estudiaría en secundaria se tomarían en cuenta sólo los años que fuimos colonia española y los subsecuentes, olvidando por lo tanto el tiempo prehispánico que definitivamente nos funda como país en tanto una serie de características comunes que no describiré aquí. La materia de música había sufrido recortes semejantes. La única forma en que yo podía hacer visible mi protesta era cuestionando a los propios maestros de esas materias para que ellos mismos justificasen la permanencia de sus materias y la importancia de las mismas. Simplemente salía a las calles donde me encontraba a aquellos maestros amigos y les asestaba: ¿para qué sirve la historia? ¿para qué nos sirve la música?

Hoy, años después, me hago la misma pregunta a mí mismo como fotógrafo (aunque sé que esta disciplina ni siquiera se perfila como materia a impartir en clases regulares, pero no estaría mal). ¿Para qué le sirve la fotografía a la gente? Claro que la respuesta se ejerce a diario en las fiestas infantiles y reuniones de ese tipo, se toman fotos para recordar. Esta es la respuesta de la más elemental de las funciones de la fotografía. Yo quiero agregar una respuesta un tanto sesgada, entonces mi pregunta será: ¿para qué nos sirve la fotografía si no queremos convertirnos en fotógrafos?

Yo creo que una de los más importantes “cosas” que nos deja la fotografía cuando no nos referimos a las fotos es la capacidad de elegir. Al tomar fotografías uno se encuentra constantemente ejercitando su capacidad de elección. A lo largo del proceso de la construcción fotográfica se está constantemente decidiendo. Desde la compra de la cámara fotográfica deseada se elige, hasta la impresión de la mejor foto se elige. Veamos un poco más de cerca.

Para comprar la cámara se elige; para lograr determinado efecto se elige el lente ideal (bueno, cuando se tiene una reflex); para lograr tal profundidad, tal brillo, debemos elegir. Ya cuando apuntamos para capturar la imagen también debemos elegir. Elegimos un ángulo, una distancia; que aparezcan o no ciertos elementos dentro del cuadro; que nuestra modelo (si la hay y si hay dirección de fotografía) esté así o asado; ya hechas las fotos de un mismo tema (las múltiples fotos) debemos elegir cuál de ellas fue la mejor según la composición, para luego seguir eligiendo en la edición de la foto. ¿Este brillo será suficiente? ¿Qué tal este nivel de contraste? ¿Será suficiente este balance de blancos? Aquí hablamos tan sólo de lograr una buena vista de nuestra fotografía, ahora sigue el embellecimiento de la misma. Hay que elegir si será en blanco y negro o la dejamos en colores. Hay que elegir si le agregamos (y en qué cantidad) el famoso grano fotográfico. Creo que le va mejor esta viñeta que esta otra, colores más quemados y un poco de sombras más destacadas. Una vez terminada la foto siguen las preguntas, las elecciones no se acaban aún. Hay que elegir el tamaño de la impresión, la cantidad y luego si enmarcaremos o no.

Esta capacidad constante de elección luego puede ser aplicada en la vida (que es al final de cuentas lo que quieren los utilitaristas, la respuesta a la pregunta: ¿para qué sirve el arte?). En la vida hay que elegir, y no sólo eso, hay que ser acertivos con aquello que se eligió. Creo que este es uno de los aportes utilitarios que la fotografía puede darnos. Este aporte nunca ha sido estudiado y creo que ni siquiera ha sido reconocido. Aquellos que gustan de las terapias raras y tan de moda en nuestros días bien podrían echar mano de esta disciplina artística que, al final de cuentas, también les arrojará resultados concretos en la fotografía impresa. Pero no hay que llegar a los extremos de la terapia. Yo invitaría a todos quienes me leen que salgan a tomar fotos, tendrán un ejercicio (espiritual, además del físico) del que saldrán con ganancia, no importa que no logren grandes fotos, en su capacidad de elección estarán ejerciendo en realidad una manifestación de su propia vida.

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